Ensayo publicado en el dossier «Monema Conceptual», del despacho de arquitectura ARKRAFT. Primera edición: Diciembre 2018. Por Ortogonal, editorial independiente.

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«LA FORMA DE LA MATERIA«

Una de las grandes capacidades del ser humano es el poder concebir dos extremos de pensamiento, que si bien uno solo, se manifiestan como antagónicos. Por un lado el pensamiento racional, que categoriza y define para habitar el mundo; por el otro, el pensamiento irracional, que siendo más impulsivo, actúa según las circunstancias cual instinto innato expresivo. Así, navegando entre tales extremos, la humanidad se articula para configurar su propia realidad.
En el arte, podemos identificar estas vertientes a lo largo de la historia, por ejemplo, en el racionalismo del Neoclásico y su contraparte en el Romanticismo, o en la vanguardia cubista y aquella dadaísta. Sin excluirse mutuamente, ambos pensamientos posibilitan una coexistencia sincrónica que permite una pluralidad indefinida de sociedades humanas; en uno, la razón es el vehículo para adquirir conocimiento, en otro, la experiencia perceptiva, lo sensorio.
En cuanto a la arquitectura, el racionalismo ha estado presente desde las civilizaciones antiguas, a pesar de la concepción mágico religiosa de su realidad, llegando a un epítome con el Constructivismo Ruso y funcionalismo de la Bauhaus que devino en el Estilo Internacional. Asimismo, podemos rastrear lo expresivo irracional en la arquitectura desde los orígenes de las sociedades, hasta el deconstructivismo espectacular del siglo XXI.
Después de lo expuesto, no es descabellado argumentar que el trabajo de Arkraft, compuesto por los arquitectos Marco Ríos y Erick Guajardo, participa de ambos pensamientos, que de manera equilibrada, orquestan sus proyectos siguiendo un componente racional y otro expresivo. De la geometría pura aplicada en el espacio, a elementos intangibles que, sin ser subrayados en demasía, son parte integral de la experiencia arquitectónica por la que abogan; una poética del espacio a través de composiciones racionalizadas por demás expresivas.
En los proyectos de Arkraft, la luz juega un papel fundamental; ésta, al incidir sobre lo matérico, devela presencias lumínicas que complementan la experiencia estética de las formas que se habitan y contemplan. Además, las cualidades y defectos del material mismo son instrumentos de significación; el material que envejece constatando la temporalidad anunciada por aquellos otros elementos intangibles como partes integrales de la arquitectura que se propone. Otro factor a destacar es el diálogo entre el exterior y el interior, el espacio no construido como secuencia del plano proyectado y viceversa; un diálogo entre formas concretas y mentales que facturan un solo pensamiento.
Arquitectura y fenomenología juegan aquí un eje rector; forma, espacio, tiempo y luz son los elementos constantes en la producción de este duo de arquitectos, que preocupados por un resultado funcional y racional, no minimizan la experiencia sensoria y expresiva en sus propuestas. Gastón Bachelard, filósofo francés, señala que “[l]as fuerzas imaginantes de nuestro espíritu se desenvuelven sobre dos ejes muy diferentes (…) una imaginación que alimenta la causa formal y una imaginación que alimenta la causa material.”(1) Para el filósofo, la imaginación formal posibilita la imaginación material, ya que la primera es el sentimiento que da causa a lo matérico: “Es necesario que una causa sentimental, íntima, se convierta en una causa formal para que la obra tenga la variedad del verbo, la vida cambiante de la luz (…) La vista las nombra, pero la mano las conoce.”(2)
La arquitectura de Arkraft seduce desde lo racional para estimular lo expresivo; imagina la forma de la materia en la búsqueda de una obra poética que se enraíce en el ser y florezca lo íntimo… arquitectura fenomenológica que une al espacio y tiempo bajo una experiencia estética total.

(1) Gastón Bachelard. 2003. “El agua y los sueños. Ensayo sobre la imaginación de la materia”. México. Fondo de Cultura Económica, p. 7. (2) Íbidem, p. 8.

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