¿QUÉ REINO FUE ESTE?

“¿Qué reino fue este?”

Reseña sobre la obra de Gerardo Monsiváis

 

Gerardo Monsiváis nació en 1974 en el noreste de México; su trabajo artístico transita a través de distintas disciplinas como la pintura, el vídeo o el arte sonoro, por mencionar algunas. Activo desde 1995, su obra se ha presentado en numerosas exposiciones a nivel nacional y en el extranjero; por ejemplo, la XV y XVI Bienal Rufino Tamayo, la V Bienal Monterrey FEMSA –en donde obtuvo mención honorífica- y el XIX Encuentro Nacional de Arte Joven. Desde el 2009 a la fecha, Gerardo Monsiváis ha producido obra, en su mayoría pictórica, “con un interés por el paisaje, los animales y la naturaleza muerta”[1]; en este conjunto de piezas, al que ha llamado Paisajes sin humanos, “no aparece nunca el ser humano responsable de sus propios escenarios”[2], el artista pretende intensificar la sensación de soledad que percibe en el proceso de su producción; paisajes que tienen base en los bocetos, apuntes y fotografías que obtiene al deambular por diversos lugares, periféricos o no, donde radica.

 

Más allá de la soledad latente se perfila un desierto paradójico, que a pesar del evidente caos, se intuye sin catástrofe, sin tragedia ni vértigo; una deserción social en los espacios abandonados en la cotidianidad sin objetivo ni sentido. En la serie de pinturas intituladas ¿Qué reino fue éste?, donde se observa la mancha urbana que crece sin planeación ni orden, desarrollo característico de México, o espacios concebidos como públicos, que después del protocolo político y partidista se entregan a la apatía, reflejan una ingravidez indiferente en la que se despliegan las operaciones sociales, un vacío emocional en el que los individuos deambulan deprimidos e indiferentes, donde ya no se identifican en su relación con el Otro, ni con la nada, ni con la muerte. Vaciados de su sustancia, abandonan los espacios, los acontecimientos, su singularidad.

 

Al observar la obra de Monsiváis, me viene a la mente los estudios del sociólogo francés Gilles Lipovetsky sobre la posmodernidad y las sociedades occidentales; y aunque los mismos se enfocan a las sociedades más desarrolladas del mundo occidental, específicamente las europeas y norteamericanas, no podemos negar que Latinoamérica es un apéndice, con sus características propias, compartiendo parte de su historia. En sí, al permearse las estructuras de Occidente a otras alrededor del planeta –el caso chino o los estados árabes más progresistas según la visión eurocéntrica-, también se implantan las formas que las componen. En estos estudios, Lipovetsky dedica un apartado sustancioso a la deserción de las masas, a la apatía en ellas y su indiferencia que va de lo general a lo particular, del conjunto al individuo: “Cruzando solo el desierto, transportándose a sí mismo sin ningún apoyo trascendente, el hombre actual se caracteriza por la vulnerabilidad (…) Así llegamos al final del desierto; previamente atomizado y separado, cada uno se hace agente activo del desierto, lo extiende y lo surca, incapaz de ¨vivir¨ el Otro.”[3]

 

Los Paisajes sin humanos de Monsiváis, paisajes mexicanos que bien podrían corresponder a otros del mal llamado –o por lo menos obsoleto y ya no aplicable- Tercer Mundo, precisan la traducción de estas latitudes a las utopías del progreso y desarrollo pregonadas por el sistema capitalista, un sistema global triunfante que excluye al ser humano sin titubeos o moralidades. Siguiendo a Enrique Dussel y sus escritos sobre la ética, no puedo dejar de pensar en sus palabras cuando observo estas pinturas: “Si el mercado reproduce la vida, muy bien; pero si reproduce tanto desequilibrio que causa enorme cantidad de marginados, hay que corregirlo (…) El problema más trágico es una globalización que castra prácticamente la probabilidad de la vida.”[4] Con estas palabras de Dussel quiero subrayar que, aunado a la percepción de abandono ya expuesta, se intuye un testimonio latente del racional capitalista y su emblema de modernidad que opera en cada uno de los planos, ámbitos y dimensiones de la existencia social cotidiana.

 

Tal vez para Gerardo Monsiváis todas estas reflexiones que hago estén fuera de su base conceptual y objetivos de producción; sin embargo, para mí, los temas tratados en esta serie de pinturas, me han proporcionado puntos de conversación y debate, acercándome a sensibilidades enterradas en el diario vivir, reconociendo paisajes del entorno que en esa cotidianidad obviamos, probablemente por no querer enfrentarla, haciendo eco de las palabras de Lipovetsky al deambular indiferentes por los espacios abandonados en el Reino Gris que Monsiváis nos recuerda cuando observamos sus pinturas.

 

[1] Revisado en su blog personal en febrero de 2015. http://gerardomonsivais.tumblr.com

[2] Ibid.

[3] “La era del vacío”, Gilles Lipovetsky.

[4] “El reto actual de la ética: detener el proceso destructivo de la vida”, publicado en “Fin del capitalismo global. El nuevo proyecto histórico”, Enrique Dussel.

 

01

Gris”. 2013. Serie: ¿Qué reino fue este? Óleo sobre madera. 61 x 122 cm.

 

02

Reino Gris II”. 2013. Óleo sobre madera. 50 x 100 cm.

 

03

Monumento 1”. 2012. Acrílico sobre pellón. 52 x 82 cm.

 

04

Lugar de recreo”. 2012. Acrílico sobre pellón. 52 x 82 cm.

 

05

Centro del caracol (Reino Gris)”. 2013. Óleo sobre MDF. 22 x 40 cm.