Exposición individual de Daniel Martínez en Leun’un ArteHabitación.
18 de octubre de 2017.
San Pedro Garza García, Nuevo León, México.

Texto curatorial
A principios del siglo XX, la abstracción geométrica irrumpió en la historia del arte occidental con el objetivo de distanciarse de la mimesis; el cubismo, el neoplasticismo, el constructivismo y el suprematismo -movimientos artísticos integrantes de las llamadas Vanguardias Históricas-, posibilitaron una experimentación estética bajo la premisa de sintetizar el mundo natural en líneas, colores y formas simples. Si bien es cierto que la abstracción llegó primero a través de lo lírico (la abstracción lírica es aquella que visualmente se caracteriza por manchas de color, pinceladas libres y con una fuerte carga expresiva), la abstracción geométrica pronto encontró cabida en las investigaciones estéticas de los artistas de principios del siglo XX.
Según la historiografía del arte occidental, fue Vasili Kandinski quien, con la obra “Primera acuarela abstracta” (1910, aunque algunos especialistas la fechan en 1913), inaugura esta nueva vertiente artística; sin embargo, podríamos rastrear ya un dejo de abstracción, tal vez no consciente, en las pinturas románticas del pintor inglés William Turner, con esos paisajes en los que lo figurativo apenas se percibe, para dar paso a una manifestación expresiva a través del color. Por otro lado, distintas fuentes sostienen que la pintura “Nocturno en negro y oro: El cohete cayendo” (1874), del artista norteamericano James McNeill Whistler, es la primera obra abstracta, porque no se perciben figuras reconocibles, sino manchas de color que representan fuegos artificiales.
Consideradas o no como válidas las premisas pasadas sobre la obra de Turner o Whistler, para mediados del siglo XX la abstracción geométrica se consolida como un lenguaje maduro que pretende darle significado a la realidad; estilos y movimientos como la abstracción postpictórica, el óptica art o el minimalismo, se convirtieron en plataformas para continuar con las búsquedas que la abstracción geométrica solicita. Hoy en día, los artistas parten de diversos intereses que se materializan en geometrías, evidenciando que esta vertiente del arte se concretiza en variadas inquietudes e investigaciones.
La obra pictórica de Daniel Martínez, artista tamaulipeco nacido en Tampico y radicado en Monterrey, México, desde el 2015, lentamente ha transitado de la figuración a la abstracción geométrica. En sus inicios, su imaginario aparecía plasmado en intrincadas escenas fantasiosas cercanas al género del cómic, fuertemente influenciado por el artista francés Jean Giraud Moebius; al poco tiempo, esta estética dio pasó a pinturas minimalistas, más cercanas al trabajo de Ellsworth Kelly que al de Moebius, sin embargo, seguía manteniendo lo narrativo de este último.
En el año 2017, Luis Puente, director del espacio independiente de arte Leun’un ArteHabitación, me invitó a curar una exposición de Daniel Martínez a presentarse en dicho espacio; la intitulé “Paisaje Específico”. Cabe señalar que el trabajo de Martínez lo conocía desde que se encontraba recién emigrado a Monterrey, cuando me buscó personalmente para mostrarme su portafolio; es por ello que atestiguo su transición del figurativismo a la abstracción geométrica, sin perder el narrativismo que lo ha caracterizado desde sus tempranas obras artísticas.
En “Paisaje Específico” las estructuras narrativas aparecen bajo la perspectiva de una especie de pensamiento mágico-religioso (pensamiento presente en la humanidad desde los inicios de ésta y que hoy en día aún nos acompaña); escenarios oníricos, panoramas de otras realidades. Se vislumbra una metafísica juguetona, un guiño inconsciente a la pintura suprematistas de Kazimir Malevich, en donde la noción de una totalidad espiritual omnipresente y todo poderosa, se concreta para crea universos, el tiempo y el espacio; un todo que se fragmenta infinitamente, moldeando las existencias hasta su mínima expresión.
Jugando con esta idea de la mónada fraccionaria, agregándole el imaginario propio de Daniel Martínez, el cual, como ya se ha comentado, transita entre el Sci fi, el cómic y la geometría, el “paisaje específico” que el artista nos propone es una reflexión desde lo lúdico y fantasioso acerca de la posibilidad de realidades alternativas a la nuestra, procedentes de un mismo principio creador.
El conjunto de pinturas siguen una narrativa visual precisa, las imágenes nos relatan cómo esta esencia primigenia se desdobla en naturaleza, para después conformar una civilización ficticia que la manipula y amolda en la construcción de su entorno. De paisajes desolados y amplios, se divisa de pronto estructuras y objetos que nos hablan de una inteligencia hacedora, hasta que se muestra evidente una posición de ese mundo concreto, perdiendo la mirada una vez más en el horizonte desierto pero ya conscientes de esa manifestación cultural.
Daniel Martínez sigue creando estos mundos abstractos, fantásticos; disfrazado de juego, nos comparte un poco de sus inquietudes filosóficas, manifestadas en atractivas imágenes de geométrica factura.